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El Brujo conjura a la esencia del Teatro del Siglo de Oro en la trepidante ‘Dos tablas y una pasión' PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Redacción Alborán Digital   
Sábado, 14 de Mayo de 2022 08:20

Con un brebaje en proporciones alícuotas de ingredientes como el conocimiento, la sabiduría, la experiencia, la ironía y un sentido del humor indómito, por lo que casi deriva al enfado, Rafael Álvarez ‘El Brujo’, uno de los dramaturgos y actores referenciales del teatro clásico durante décadas en España, arrasó anoche con su propuesta ‘Dos tablas y una pasión’ el escenario del Auditorio Municipal Maestro Padilla en el marco de las XXXVIII Jornadas de Teatro del Siglo de Oro, que coordina el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería, encuadradas en el desarrollo de la programación cultural de primavera.

 

A lo largo de su prolífica trayectoria, El Brujo ha llevado a escena y adaptado obras y textos de Plauto, Molière, Dario Fo, Shakespeare, Pío Baroja, Fernando Fernán Gómez o Fernando Quiñones. Y, cómo no, también del Siglo de Oro español, como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Miguel de Cervantes… Muchos de ellos cobraron vida anoche en ‘Dos tablas y una pasión’… pero con la particular y torrencial manera del actor, que alterna pasajes de recitado clásico, gemas en sí mismas, con un derroche de ironía crítica, tanto política como social y cultural, en un desarrollo aparentemente caótico pero cimentado en constante interconexiones conceptuales.

 

Con versos de William Blake comienza el viaje en el tiempo por el Siglo de Oro, por el que aparecerá también las conexiones entre ‘El Caballero de Olmedo’ de Lope de Vega y el ‘Don Juan Tenorio’ de José Zorrilla, “el Darth Vader del amor”, definido por El Brujo, Garcilaso de la Vega, Santa Teresa de Jesús, Calderón de la Barca, Francisco de Borja, San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís, Shakespeare, Góngora, Quevedo y el duelo final entre el cervantino ‘El Quijote’ y ‘Romeo y Julieta’, de nuevo del inglés.

 

Nombres propios de lo más solemnes que, empero, no le impiden hacer símiles o pellizcos a partidos políticos y sus representantes, pero también con Pegasus, con Rozalén, con Supervivientes, las subvenciones, las ayudas de la Unión Europea o el feminismo. Poco quedó por no llevarse el dardo de la palabra de El Brujo en sus intensas dos horas de monólogo, eso sí, regado y dulcificado por la hierática presencia del violinista Javier Alejano, que también pudo hacer las veces de apuntador ocasional.

 

El amor como invención de la mirada y como Santo Grial, la dimensión onírica de la vida, el carácter político del Arte (que no a la inversa), la espiritualidad de servir a un fin mayor y no a lo mundano terrenal, los símbolos de pureza, el carácter inmortal de ‘El Quijote’, “que está lleno de herejías”, las lecciones de humildad a los genios, el “a más luz, más sombra”… Una nueva era representada en las letras de la literatura del Siglo de Oro. “Poesía en la piel”, en suma, para un actor que volvió a levantar en aplausos de manera unánime al patio de butacas en cuanto ejerció el derecho a la despedida.

 

El Brujo brindó “por la continuidad de estas Jornadas de Teatro del Siglo de Oro, cuídenlas, que es la esencia de los que es este país”, dijo, esta vez sin ninguna duda, totalmente en serio. Alimento para el intelecto.

 

 

 

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